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Ficha del libro

portada del libro

COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO


Nadie le explica al juez cómo valorar la prueba. No es suficiente
decirle que aplique las «máximas de experiencia» o remitirle al uso de
su «sana crítica». Equivale a dejarle solo ante una actividad
extraordinariamente compleja, sin suministrarle las adecuadas
herramientas para llevarla a cabo. Ello no sólo desorienta,
lógicamente, a la justicia, sino también a los abogados, que sólo con
gran esfuerzo logran adivinar qué es aquello que puede convencer, o al
menos persuadir, a un juez. Este libro intenta establecer las bases
para una correcta actividad de valoración de la prueba, incidiendo
tanto en la formación -actualmente muy deficiente- del jurista en este
terreno, como en el mantenimiento de la imparcialidad judicial pese a
la inevitable implicación judicial en la actividad probatoria, así
como en la necesaria motivación de las razones concretas por las que
el juez se ha convencido de la realidad de unos hechos, proponiendo un
esquema de trabajo que pretende ayudar a los jueces, aunque también a
los abogados a la hora de construir las conclusiones y articular
recursos basados en la errónea apreciación de la prueba. Pero nada de
lo anterior sería posible si el libro no se adentrara en el detalle de
las concretas «máximas de experiencia» que se utilizan en cada medio
de prueba individualmente considerado. Se intenta, con ello, sacar a
la valoración probatoria del terreno de lo ignoto, de lo inmotivable,
de la convicción íntima nunca explicada, y también del absolutismo de
la «inmediación». Se describe con precisión qué es lo que tiene en
cuenta un juez cuando se convence de un hecho, de manera que, por fin,
sea motivable. Y, por supuesto, recurrible