Gastamos fortunas en ropa, cosméticos, o incluso en cirugía estética,
para conseguir que nuestros cuerpos resulten más agradables. Sin
embargo, apenas damos importancia a un factor mucho más poderoso capaz
de realzar nuestro atractivo. No cuesta dinero, no requiere demasiado
tiempo, y sin embargo, sin él, hasta la persona más atractiva
físicamente puede parecer insulsa: una mente deslumbrante. Si su mente
resulta aburrida no tiene posibilidades de impresionar a nadie,
incluso si su físico es deslumbrante.