Al igual que en las grandes novelas de aventuras de finales del XIX, y
a las que Travesía del horizonte rinde cariñoso y también burlón
homenaje, esta novela tiene como hilo conductor una atrevida
expedición: el capitán Kerrigan, millonario y excéntrico, ha
organizado un viaje a la Antártida para hombres de letras y
científicos. Pero esa travesía no es más que una excusa, uno de los
muchos hilos con los que está tejida la trama. Construida según el
modelo de el relato dentro del relato, Travesía del horizonte añade a
la aventura marítima de Kerrigan otras historias de personajes no
menos novelescos, en deliberada parodia de ciertos maestros del género
que van desde Joseph Conrad hasta Henry James pasando por Conan Doyle
y entre pintorescos secuestros y manuscritos misteriosos, señoritas
eduardianas y paisajes de navegación , se va desplegando un torbellino
narrativo servido por un estilo paradójicamente pausado. Un insólito
alarde de osadía narrativa.