Durante años, Joseph Conrad (1857-1924) recorrió las rutas orientales
al servicio de la Marina Mercante inglesa. Estos viajes le
suministraron material para muchos de sus relatos y avivaron en él el
sentimiento de soledad, abandono y exilio que siempre lo acompañó. En
TIFON (1902) describe la tempestad salvaje que sufre el Nan-Shan, un
vapor que transporta a doscientos culíes (trabajadores indígenas) de
regreso a China con sus ahorros celosamente guardados. Esto le da pie
para un penetrante análisis de comportamientos humanos variados, que
van desde la generosidad hasta el envilecimiento. En el capitán
MacWhirr, ecuánime y con una confianza casi mística en la capacidad
del hombre para imponerse a las fuerzas de la naturaleza, condensa el
autor las virtudes de orden, disciplina y sentido del deber que
siempre admiró.