Los acontecimientos sucedidos durante los últimos años han permitido
ver con claridad que el mundo en que vivimos no conservará
posibilidades de sobrevivir mientras sigan existiendo espacios para
éticas opuestas o antagónicas. Un mundo único no necesita,
ciertamente, una religión o una ideología unitarias, pero sí alguna
clase de normas, valores, ideales y fines obligatorios y obligantes.
La supervivencia es imposible sin una ética mundial.