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COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO


Desde que se aprobara el Tratado de la Unión Europea, en 1992, nos
hemos ido habituando a la provisionalidad del Derecho de la Unión
Europea, derivada de las continuas reformas de los tratados y de las
sucesivas adhesiones de nuevos Estados a la Unión que han modificado
sucesivamente el Derecho originario. En la Unión, comienza a
convertirse en costumbre que antes de la entrada en vigor de un nuevo
tratado de reforma de los anteriores tratados, o inmediatamente
después de la entrada en vigor de un nuevo tratado, se comience a
modificar el nuevo tratado. Este ha sido el caso del Tratado de Lisboa
cuya reforma se ha iniciado cuando todavía no había transcurrido un
año desde su entrada en vigor. Esta circunstancia, junto al torbellino
de reformas que sufre el Derecho derivado ha convertido al Derecho de
la Unión en un subsector del Derecho de los Estados miembros y lo
aleja cada vez más de la concepción tradicional del Derecho
internacional dotado de estabilidad.

Es legítimo preguntarse el sentido de dichas reformas, ¿acaso
persiguen la ambición de los fundadores de crear una federación de
estados europeos como destino final? Sin duda, en la Unión se
reconocen desde sus inicios los que pudiéramos denominar indicios
federalizantes. Instrumentos jurídicos como el reglamento, o
instituciones como el Banco Central Europeo, son propios de los
estados federales. Pero, junto a elementos federalizantes se reconocen
instituciones y técnicas correspondientes a las organizaciones
internacionales convencionales como, por ejemplo, el Consejo Europeo,
o las resoluciones y otros actos atípicos dictados por el propio
Consejo Europeo, por el Consejo de la Unión, por la Comisión Europea,
o por el Parlamento Europeo. Lo supranacional y lo intergubernamental
conviven desde los inicios de la construcción europea; así como formas
intermedias de ambas concepciones. Esto me ha determinado desde hace
algún tiempo a referirme a la Unión Europea como una organización
intraestatal, una nueva especie de organización que sería la síntesis
de las tendencias intergubernamentales y supranacionales que desde sus
inicios conviven en la Unión.

Las causas por las que la Unión ha avanzado hacia la supranacionalidad
en unas materias y haya retrocedido en otras, dejando paso a la
intergubernamentalidad no responden ni a un plan preconcebido ni a
causas fáciles de explicar. Ejemplo de viraje sorprendente desde lo
intergubernamental a lo supranacional fue, por ejemplo, la creación de
la moneda única. Pues era evidente que se creó una unión monetaria en
un espacio económico de los calificados como no óptimos. Pese a lo
cual, venciendo resistencias internas y la oposición de las grandes
potencias monetarias se acordó sustraer a los Estados miembros una de
las potestades que siempre se ha asociado al núcleo central de la
soberanía.
La actual edición ha prescindido de dos capítulos que figuraban en la
anterior, la Administración y la Financiación de la Unión Europea. No
obstante puede seguir considerándose una parte general del Derecho de
la Unión Europea