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Ficha del libro

portada del libro
  • EL PRINCIPIO ANTROPOLOGICO DE LA ETICA
    EN DIALOGO CON ZUBIRI

  • FERRER SANTOS, URBANO
  • PLAZA Y VALDES
  • 2009
  • 01 ed.
  • Colección: THEMATA

  • ISBN: 978-84-92751-79-2
  • EAN: 9788492751792

  • 192 páginas
  • RUSTICA

  • TEMA: SOCIOLOGIA


  • No disponible.
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COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO


La complejidad del paradigma cartesiano de lo mental poco, o muy poco,
tiene que ver con la versión oficial que sobre Descartes se ha hecho
circular. El concepto de mente de Descartes no se limita a la
distinción mente-cuerpo y ni siquiera esta distinción ha sido
correctamente comprendida en su verdadero contexto. La complejidad del
dualismo cartesiano es aún mayor de lo que esperábamos, pues se
encuentra enraizada con la idea de ciencia que habitualmente
manejamos, así como con nuestra concepción de racionalidad y de
conciencia.


Por otra parte, se hace evidente que el pensamiento de Descartes
obedece a un proyecto epistemológico general que no es tenido nunca en
consideración, cuando se intenta revisar sus concepciones sobre la
cuestión de la mente. Lo sistemático de un pensamiento como el
cartesiano, impide una comprensión parcial o segmentada de su sentido,
sin que se pueda prescindir ni de su metafísica ni del mecanicismo
que desde el principio anima todo su trabajo.


Para comprender lo que Descartes verdaderamente entendía cuando
hablaba de la mente hay que tener en cuenta que, a lo largo de toda su
obra, mantuvo un diálogo crítico con la escolástica, y que este
diálogo es la espina dorsal de su proyecto. Descartes tuvo que
enfrentarse con sólidos remanentes ideológicos, que siglos de
aristotelismo habían dejado, depositados tanto en los modos corrientes
de pensar, como en las distintas especialidades del pensamiento. Su
propósito general era ampliar, a todos los ámbitos posibles, incluido
el sensible terreno del hombre, la concepción mecanicista de la
naturaleza. Este, y no otro, es el marco conceptual del paradigma
cartesiano de lo mental.


La explicación mecanicista cartesiana se traduce, por ello, en una
fisiología que prescinde de todas las formas sustanciales, que
abundaban en las explicaciones escolásticas de la materia y del
organismo humano. Con la simple disposición de los órganos y sin la
participación de ningún principio vital, Descartes se propone explicar
el funcionamiento de la fisiología y de su movimiento. Para la
biología aristotélica, que concebía la capacidad de movimiento como la
propiedad más característica de los seres vivos, el alma era "la
forma sustancial del ser viviente". El abandono de la idea de "alma"
como "aliento vital" fue una de las consecuencias inmediatas del
derrumbamiento del Cosmos, que habría de producirse tras el rechazo de
la física aristotélica y la geometrización del espacio, que supuso la
revolución copernicana en manos de Descartes.


Aunque la originalidad de Descartes al aplicar las leyes de la
mecánica a la biología y la fisiología humanas, no se vio recompensada
con la resolución de ningún problema práctico concreto, debe
destacarse como su principal valor la riqueza heurística, que marcaría
todas las investigaciones fisiológicas posteriores. El poder
heurístico del mecanicismo cartesiano abría las puertas al estudio de
las ciencias de la vida, refutando definitivamente la participación
del alma en las funciones y movimientos orgánicos de los seres vivos.
Aquí, como en el orden epistemológico y en el de la filosofía de la
mente, el principal valor del pensamiento cartesiano radica en su
carácter de paradigma, es decir, en la abundancia de caminos a los que
dio apertura.


En última instancia, la verdadera división que plantea Descartes con
su distinción entre sustancia pensante y sustancia extensa, es la
separación radical entre la razón y los sentidos. Su dualismo, más que
una dualidad entre la mente y el cuerpo, es un dualismo
epistemológico que inaugura y posibilita el pensamiento científico.


Desatender este importante aspecto de su discurso filosófico, es
decir, prescindir de la complejidad teórica que acompaña la distinción
entre el pensamiento puro y la materia extensa, nos lleva
inexorablemente al trillado camino de las interpretaciones de
Descartes.

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