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Ficha del libro

portada del libro

COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO


Intérprete de mitos, supersticiones que supo encamar los símbolos más
secretos del comportamiento del paisano, ese campesino heredero de las
virtudes del gaucho, gaucho desacralizado en el tiempo, prescindiendo
del arquetipo y el tópico, usado y abusado literariamente en décadas
anteriores. Por ello es importante señalar cómo en el contexto del
proceso de la literatura uruguaya, Amorim supo trascender los
convencionalismos del gauchismo montaraz o florido, para captar la
nueva realidad del «paisano oriental», al modo como lo haría después
el narrador Juan José Morosoli.Amorim practica un realismo no ceñido
necesariamente a la realidad y como inquieto y atento observador de
los movimientos de vanguardia que llegaban al Río de la Plata por esos
años, oscila entre la tendencia que lo impulsaba a la experimentación
temática y estilística y el arraigo en un mundo rural que conocía muy
bien desde su infancia, duda entre la innovación y la tradición. Sus
personajes viven ese «endiablado ir y venir» vital entre la ciudad y
el campo que descubre desconcertado el protagonista de El paisano
Aguilar, una verdadera constante de la mayor parte del resto de su
obra.De esta verdadera dicotomía existencial, surge la de su obra
dividida entre el campo y la ciudad, la trashumancia errante y la
necesidad imperiosa de raíces, entre la libertad individualista del
hombre y el compromiso del escritor con su tiempo y con su pueblo. En
esta dicotomía se puede percibir la más vasta antinomia de la
literatura de la época, pero, sobre todo, la de su propia vida,
escindida entre los halagos del éxito y la simpatía natural con la que
ganaba amigos y se desenvolvía en la sociedad mundana y la
responsabilidad de que se sentía ungido frente a la realidad injusta
que lo rodeaba, verdadero compromiso de cambio al que apostaba
políticamente.

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