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Ficha del libro

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COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO


Vsévolod Garshin, uno de los mejores escritores de relatos de la edad
de oro de la literatura rusa, gozó de una enorme popularidad entre la
joven intelectualidad de su país. El propio Tolstói lo consideró el
mejor escritor joven de su tiempo junto con Chejov. Turguénev, por su
parte, vio en él «todos los signos de un gran talento: temperamento
artístico, un fino y acertado entendimiento de los rasgos
característicos de la vida, tanto particulares como universales,
sentido de la verdad y de la mesura, simplicidad y belleza en las
formas y, como resultado de todo ello, una gran originalidad». Garshin
fue uno de los autores más leídos de su generación en Rusia, y su
obra se tradujo rápidamente a la mayoría de las lenguas europeas.
En esta selección se recogen nueve relatos del autor, entre los cuales
se encuentran algunos de los mejores que escribió, como «Cuatro
días», «La flor roja» y «La señal», considerados verdaderas obras
maestras del género.

«Desde su debut literario he percibido la originalidad incontestable
de su talento... Como todo escritor en la edad madura y sinceramente
fascinado por su oficio, me siento feliz al descubrir algunos
sucesores: usted es uno de ellos.»
Iván Turguénev en una carta a Vsévolod Garshin

«La obra de Garshin fue una rapsodia de grandes temas de la literatura
rusa de los años anteriores a 1880 pero con una sensibilidad más
desoladora y patética, que parece abrirse hacia las letras de los
noventa y de los principios de siglo que no llegó a conocer, el
momento que los manuales de historia literaria denominan "Edad de
Plata".»
José-Carlos Mainer

Vsévolod Garshin, autor de una corta pero intensa obra, compuesta de
una veintena de relatos, nació en Járkov (Ucrania) en 1855. En 1874
ingresó en la Escuela de Minas de San Petersburgo, y tres años más
tarde se enroló como voluntario en la guerra ruso-turca, donde fue
herido. En 1877 regresó a San Petersburgo, donde permaneció hasta
1880. Este año sufrió un colapso mental, lo que motivó su
internamiento en un sanatorio. Tras una convalecencia que le mantuvo
alejado del mundo literario durante casi dos años, volvió a San
Petersburgo en 1882, fecha que marcó el inicio de su periodo de
madurez. Un año más tarde se casó y obtuvo un modesto y mal retribuido
puesto en la Compañía Rusa de Ferrocarriles, que conservó hasta 1887.
En 1888, cuando contaba treinta y tres años, se suicidó tirándose por
el hueco de una escale

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