Saltar al contenido

Ficha del libro

portada del libro
  • NUESTRA ESPAÑA LA PROTECCION DEL TESORO ARTISTICO DE ESPAÑA
    DURANTE LA GUERRA

  • AA.VV
  • RENACIMIENTO EDITORIAL
  • 2012
  • 01 ed.

  • ISBN: 978-84-8472-701-9
  • EAN: 9788484727019

  • 54 páginas
  • RUSTICA


  • No disponible.
    Consultar disponibilidad

COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO


El Comité Iberoamericano para la Defensa de la República Española
decidió, con este número especial de abril de 1938, contrarrestar la
propaganda antigubernamental que, desde París, estaban llevando a cabo
numerosos medios de comunicación, especialmente el semanario católico
L'Illustration.
Nuestra España. La Protección del Tesoro Artístico de España durante
la Guerra no esconde sus intenciones. El número se desarrolla como un
alegato con el que rebatir, punto por punto, el suplemento que en
enero de 1938 había sacado L'Illustration con el título Le martyre des
Oeuvres D'art. Guerra civile en Espagne, el cual utilizaba numerosas
y espectaculares imágenes cedidas por los aparatos de propaganda del
ejercito golpista, sobre destrucciones de imágenes religiosas e
iglesias, especialmente en Andalucía y Toledo, lo que delata el origen
del material en las oficinas de publicidad organizadas por el general
Queipo de Llano en Sevilla.
El Comité Iberoamericano -las discrepancias en dicho comité entre
Pablo Neruda y César Vallejo aparecen como marejada de fondo en este
número- acudió a las oficinas de Información del Gobierno de la
República Española y obtuvo algunos materiales e informaciones
referentes a la Junta Delegada de Incautación, Protección y
Conservación del Tesoro Artístico Nacional, bajo la Dirección General
de Bellas Artes de Josep Renau. Los argumentos sobre el anacronismo de
muchas de estas destrucciones, sucedidas antes de la contienda, o
sobre el hecho de que muchas de éstas fuesen daños colaterales de la
propia artillería fascista, proceden de ahí. No obstante, el número no
resulta singularmente lujoso, al menos si lo comparamos con el
mencionado de la contra información católica en L'Illustration, aunque
contaba, como aliciente principal, con la colaboración especial de
Pablo Picasso, tal y como aparece en la portada, director del Museo
del Prado, es decir, vinculado directamente a la legalidad
republicana. Los dos dibujos, de corte clásico, que el artista aporta
al número (una maternidad y un hombre barbudo, trasunto secular de la
Sagrada Familia) tienen un componente irónico importante y articulando
bien ese distanciamiento respecto al panfleto que parecía una norma
del pintor y, también, del Comité Iberoamericano, quien pretendía
trasmitir una cierta idea de orden y legalidad frente a la anomía
facciosa, signo inequívoco del vanguardismo de los militares golpistas
del bando nacional.
Hay que decir que con estos dibujos y la colaboración de Picasso se
ayudó también a la financiación del número. El distanciamiento
político de Picasso con respecto al tema tiene que ver, desde luego,
con una posición más general que no entiende que la política dependa
de los argumentos literarios o de ilustraciones, más o menos
didácticas, sobre los asuntos partidarios. La polémica sobre el
carácter explícitamente político del Guernica, que se había presentado
el año anterior en París en el Pabellón de la República Española,
estaba en auge entre círculos artísticos izquierdistas y favorables a
la causa republicana. Seguramente, la fuerza icónica del cuadro tenga
que ver con esa capacidad para responder a varios niveles de lectura
simbólica, desde la famosa, accidentada y erótica capea taurobólica
hasta el concreto acontecimiento del bombardeo de la villa de
Guernica. Así, mediante esos anacronismos, había actuado Rubens en su
mitológica Los desastres de la guerra, una de las fuentes del cuadro,
y ése era el proceder habitual de las grandes pinturas históricas
entre las que el Guernica pretendía insertarse.
Los comités sectoriales de C.N.T. / F.A.I. hacían distribuir durante
la guerra un panfleto, para prevención del vandalismo, con el
siguiente argumento: «­Compañeros! Cuando veáis las imágenes de María,
José y el Niño, ­Acordaos de la compañera miliciana que se despide de
su hijo para ir al frente! ­Acordaos del compañero carpintero que ha
cambiado el cepillo por la espada! Proteged esas imágenes. ­Son de los
nuestros!». No otro debe ser el sentido de los dibujos que ofreció
Picasso para esta causa.
Cuando el Archivo F.X. trabajaba en el proyecto De economía cero, el
Museu Picasso de Barcelona le invitó a mostrar parte de sus
operaciones con la propuesta expositiva que, finalmente, se llama
Economía: Picasso. Localizando material en la colección de Abelardo
Linares apareció este ejemplar de Nuestra España vinculado a los dos
ejes del trabajo desarrollado: por un lado, Picasso, director del
Museo del Prado; por el otro, los conflictos en torno a la
iconoclastia durante la guerra civil española. En este número se da
cuenta exacta de este cruce de intereses, precisamente organizando las
diferentes actuaciones como una verdadera economía política: la
articulación igualitaria del Museo del Prado como Museo del Pueblo; la
patrimonialización de las destrucciones y los efectos revolucionarios
que pudiera tener para el propio conocimiento de las artes; y,
finalmente, la instalación del campo cultural y sus operaciones como
un lugar privilegiado para los conflictos políticos.

PEDRO G. ROM