Quevedo combatió la oscuridad, satirizó despiadadamente a Góngora, al
culterano umbrático y a su turbia inundación de jerigonzas. El no
quería ser oscuro, sino ingenioso; no se propondrá de continuo la
expresión encubierta, como Góngora; aunque tampoco defenderá, como
defendía Lope, la constante llaneza e inteligibilidad del lenguaje; y
así, cuando la ocasión se ofrezca, él dispondrá también aquel deleite
indagatorio que Góngora se propone estimular en el lector; pero lo
dispondrá, no mediante la oscuridad formal, sino en la dificultad,
sutileza o complicación del concepto...
Menendez Pida