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Ficha del libro

portada del libro

COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO


De pronto, el bebé se echó a llorar. Oscar lo acunó, lo cogió en
brazos... pero no paraba de llorar. Le cantó una nana, lo paseó por la
casa... ­No sirvió de nada! Entonces Oscar pensó: Este bebé tiene
hambre... Buscó por la cocina, pero la nevera estaba vacía.

Este cuento de Charo Pita y Madalena Matoso incide en la normalización
de la lactancia que aparece contextualizada como parte intrínseca de
la vida de los niños, de sus familias y de la sociedad.

La mirada inocente del pequeño protagonista nos recuerda la magia que
existe en muchas manifestaciones de la vida ―como la posibilidad
de amamantar― y de las que los adultos no somos plenamente
conscientes por habituales.

Y, mirando la compra con curiosidad, pensó: ¿Qué traerá para darle de
comer al bebé? Tía Elisa dejó las bolsas, se sentó en el sofá y abrazó
al bebé, que no paraba de llorar. Después se desabrochó la blusa.
Entonces, el bebé se quedó callado y empezó a comer.
-­MAGIA! -dijo el abuelo.

Los niños viven en un eterno presente. Les resulta difícil situarse en
un futuro que vaya más allá del mañana y el pasado se limita al ayer.
Por eso, es fácil comprender que, para dar de comer al bebé, Oscar
recurra a los productos que forman parte de su alimentación actual
(pasteles, zanahorias, huevos, sardinas y jamón).

De este modo, su periplo resulta divertido y, a la vez, conmovedor
porque Charo Pita nos presenta a un niño que se desvive por ayudar a
un ser que ni tan siquiera comprende y, pese a ello, no desiste en su
empeño.

El Oscar al que da vida Madalena Matoso transmite a la perfección la
ternura que despierta su responsabilidad y solidaridad espontánea y
entrañable. "Simpaticé mucho con él. Se queda con el bebé y no
descansa mientras el pequeño no está feliz de nuevo. ­Es un personaje
que se hace querer!", admite.

La ilustradora lusa ya había dado vida a un niño en su último trabajo
para OQO editora Los mil blancos de los esquimales, tercer Premio al
Libro Mejor Editado 2009 por el Ministerio de Cultura y también
merecedor de dos menciones en los Premios Visual VIII Edición, en las
categorías de libro infantil e ilustración.

Al igual que en otros trabajos realizados para OQO (¿Quién ha robado
la Luna?) Madalena Matoso se ha decantado por el collage, una técnica
que repite porque: "Es como un juego. Me fascina cómo funcionan entre
sí las texturas y la conexión entre los colores. Se acaba formando un
todo compuesto por microelementos", argumenta.

Para este álbum, ha utilizado sellos, etiquetas, códigos de barras,
letras adhesivas e incluso una bolsa grande de pan, "con una hermosa
impresión azul", destaca la ilustradora. Además, algunos de los
papeles recortados para los collages habían sido impresos en
serigrafía.

Las imágenes son sencillas y coloristas, aunque destaca la presencia
de tonos rojos, verdes y grises.

En este tercer proyecto para OQO, Matoso buscó que sus composiciones
fuesen coherentes con la historia. Esta se ejecuta principalmente en
dos escenarios: dentro de la casa (principio y final del álbum) y en
los diferentes lugares a los que Oscar acude a lo largo del cuento,
intentando conseguir alimento para el bebé. Al ubicarlo en cada uno de
los exteriores se apoyó en detalles que sitúan claramente al lector
en una panadería, una pescadería, un huerto y una carnicería.

En las escenas de la casa, las ilustraciones no se hacen repetitivas,
a pesar de que jugaba con la dificultad de que eran los mismos
personajes en la misma localización. Para resolverlo, decidió que, en
las imágenes finales, se debían "explorar más las emociones", no en
vano es cuando se produce la ­magia! que a Oscar le pareció, como no,
maravillosa.

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