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Ficha del libro

portada del libro

COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO


Una historia sencilla, dulce y tierna para ayudar a nuestros hijos a
gestionar y superar el enfado La ira
Llamamos «ira» a esa energía que surge en nuestro interior cuando algo
nos genera frustración, tensión o malestar, llevándonos al enfado y,
en ocasiones, a la agresividad. Aumenta el ritmo de nuestro corazón,
tensa nuestros músculos y nos prepara para actuar.
En los niños, este sentimiento puede aparecer ante un trato injusto,
con alguna tarea que no le sale, al no conseguir un capricho, por el
incumplimiento de una promesa, si le quitan un juguete...
La Ira tiene su función, no lo olvidemos. Sirve para que el niño se
defienda ante situaciones injustas o para que se esfuercen mas ante
determinados retos. Si bloqueamos este sentimiento en nuestro hijo,
sólo lograremos aumentar su malestar y terminará convirtiéndose en
agresividad o violencia, y eso es lo último que queremos, ¿verdad?
¿Qué hacemos entonces?
Debemos ayudar al niño a RECONOCER y a REDIRIGIR este sentimiento,
explicándole cómo nos afecta y enseñándole formas adecuadas para
gastar esa energía: hablar de aquello que les enoja, buscar el apoyo
de los mayores, cambiar la forma de afrontar esa tarea difícil... ¿Y
si aparece la agresividad? Como siempre... ­mantened la calma! Debemos
ser firmes y serenos, nunca agresivos, evitando culpar a nuestro hijo
con expresiones como «eres malo». Es mejor reprender la conducta y
dar tiempo al niño para pensar en ello. Por supuesto, regañar o
castigar no es suficiente. Una vez se reduzca la agresividad, es
importante explicarle las consecuencias de lo que ha pasado para que
asuma su RESPONSABILIDAD, y darle alternativas. Pero ­ojo! Debemos ser
razonables y comprender que, a veces, el enfado está justificado a
pesar del mal.
«No podemos elegir qué sentir, pero sí podemos decidir qué hacer con
lo que sentimos y, por supuesto, podemos enseñar a nuestros hijos a
hacer lo mejor con aquello que sienten.»