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Ficha del libro

portada del libro

COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO


Un día, el gallo y la gallina salieron de la granja dispuestos a
conocer mundo. Corretearon por aquí y picotearon por allá hasta que
tropezaron con un nogal grande y frondoso. Como al gallo le encantaban
las nueces, comió tantas y tan deprisa
que se le atascaron en la garganta.

De este modo, comienza el periplo desesperado de la gallina para
salvar a su querido amigo tragón. En esta empresa se verán implicados
una granjera, un zapatero, una oveja, un herrero e incluso ­un roble!

Todos ellos no dudan en prestar su ayuda. Raudos colaboran en un
trabajo en equipo donde, a pesar de las dificultades concatenadas,
acaban triunfando la buena voluntad y solidaridad.

Roberto Mezquita crea una nueva versión de este cuento acumulativo
extendido por toda Europa, conocido como El pollito de la avellaneda.
Esta revisitación mantiene intacto el texto encadenado en la
exposición de la trama y desenlace. De igual forma, conserva la
estructura repetitiva, propia de los cuentos de la tradición oral que
facilita que pueda ser recordado y contado sin dificultades:

-El gallo se ahoga, se está ahogando el gallo. Comió tantas nueces que
se ha atragantado. Por agua a la fuente tenemos que ir. Deprisa,
deprisa, que se va a morir!

El autor se inspiró en la versión sueca. A la hora de enfrentarse a
este trabajo, su oficio de cuentacuentos le ha ayudado a "acomodarla"
al formato de álbum ilustrado sin que ello impida que la historia
final pueda "ser contada de viva voz y escuchada de viva oreja de la
mejor manera posible", como siempre se ha hecho con este tipo de
relatos de tradición oral.

En todo caso, durante este proceso de adaptación se han incorporado
detalles nuevos que, como en todas las versiones, enriquecen la
historia tradicional. De este modo, los conocedores del cuento tienen
aseguradas sorpresas tanto en el texto como en las ilustraciones de
Bernardo Carvalho, repletas de humor.

Tras varias colaboraciones con OQO editora (Mariluz Avestruz, Rita,
Macario Dromedario y Zalgum), esta vez nos sorprende con una técnica
en la que los elementos y personajes aparecen diseñados como manchas
de color transparentes que se mezclan entre sí, excepto el gallo que,
como protagonista, y aún siendo también transparente, goza de un
tratamiento totalmente contrario al resto de los personajes, ya que es
el único que está hecho a línea, menos la cresta y las barbillas,
pintadas de un rojo intenso.

De este modo, se consigue que las imágenes ganen fuerza y
expresividad. No obstante, en este tipo de trabajos la dificultad
reside en "mantener la armonía" entre las diferentes líneas de las
imágenes, ya que, de no ser así, se corre el riesgo de que las
ilustraciones acaben resultando "caóticas y desordenadas", aclara
Carvalho.

Todo lo contrario, la propuesta de ilustración es original y
coherente. Aporta aire fresco, necesario para volver a dar vida -como
consigue la gallina con el gallo- a relatos tan conocidos. Por este
motivo, no nos cansamos de reencontrarnos con ellos, como siempre
ocurre con una buena historia.

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