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COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO


Uno de los problemas más importantes de la ética democrática es la
clarificación del papel que desempeñan las religiones en la esfera
pública. Con la pretensión de superar posiciones confesionalistas o
laicistas, la filosofía moral y política del siglo XXI construye sus
propuestas con el horizonte de una laicidad positiva. Los modelos de
ciudadanía que se ofrecen en los espacios públicos de deliberación no
están obligados sustraer o privatizar las religiones que profesan los
ciudadanos. ¿Cómo integrar las convicciones religiosas en los modelos
de ciudadanía? ¿Cuál es el papel de las religiones en una sociedad
post-secular? ¿Por qué son importantes las religiones en una
ciudadanía activa? Para responder a estas preguntas Agustín Domingo
Moratalla analiza la pluralidad de fuentes morales en el ejercicio de
la ciudadanía activa. El nuevo horizonte ético de las sociedades
democráticas no puede prescindir de las motivaciones religiosas de los
creyentes. Estos no pueden ser considerados ciudadanos de segunda
categoría y forzados a realizar explicaciones permanentes de sus
propuestas de ciudadanía. La construcción de una ciudadanía activa no
sólo requiere discernimiento para aplicar la laicidad positiva en el
ámbito de las instituciones políticas, sino para fortalecer las
fuentes morales, religiosas o pre-políticas que nutren las tradiciones
culturales que conviven en una sociedad abierta. La educación moral,
la tolerancia, la violencia, la cohesión social y el desarrollo
sostenible son ámbitos de ciudadanía activa donde la contribución de
las religiones es cada vez más decisiva.