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COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO


El término anatomía es de origen griego y su traducción no literal
sería algo semejante a «por el corte» o «mediante el corte», es decir,
por la disección (dicho sea de paso, la acción de la disección es
«disecar» y no «diseccionar»). Por lo tanto, anatomía significa
conocer la estructura y la forma de un organismo mediante la técnica
de disección.
Ya Aristóteles en el siglo IV a.C. hizo referencia a homologías
estructurales entre partes del cuerpo hu-mano y de animales, en un
esbozo de anatomía comparativa. En la segunda mitad del siglo II d.C.,
Galeno, médico que ejerció en Roma, tuvo oportunidad de obtener
ciertos conocimientos anatómicos ya que entre sus pacientes se
encontraban gladiadores. De todas maneras, sus principales hallazgos y
estudios los realizó en animales. También se tienen noticias de que
estudiosos griegos realizaron disecciones e hicieron aportaciones al
saber anatómico y así, por ejemplo, Herófilo, en Alejandría, realizó
disecciones humanas y en mamíferos, y describió el sistema vascular
venoso intracraneal denominado prensa de Herófilo. Erasístrato,
también en Alejandría, realizó descripciones relacionadas con
estructuras del sistema nervioso, óptico y circulatorio.
En la Edad Media, los conocimientos anatómicos quedaron sintetizados y
recogidos en las obras de eclesiásticos como San Alberto Magno y
Santo Tomás de Aquino. En la época renacentista se renueva el interés
anatómico, en ocasiones condicionado por aspectos artísticos más que
científicos. Sin embargo, Leonardo da Vinci hace extensiva su
curiosidad al ámbito científico y realista, y junto a disecciones de
animales, fundamentalmente de caballos, realizó algunas disecciones de
cadáveres humanos (al menos una de un anciano centenario). Aún así,
en sus magníficos dibujos se aprecian errores ya existentes en las
observaciones de Galeno y arrastrados a lo largo de los siglos. Ya en
el siglo XVI, el español Miguel Servet hizo una contribución
fundamental al describir la circulación pulmonar, aunque ésta ya era
conocida por médicos árabes.
La gran revolución en el saber anatómico se produce cuando Andrea
Vesalio, médico belga, publica el año 1543 De Humani Corporis Fabrica,
una de las obras fundamentales en la historia del conocimiento humano
y a partir de la cual se desarrolló todo el verdadero saber médico
fisiológico y quirúrgico. A lo largo de los siglos posteriores se
fueron incorporando las aportaciones de numerosos estudiosos del
cuerpo humano, que con frecuencia vieron unidos sus nombres a la
estructura anatómica que describieron. Otros anatomistas lograron su
fama por sistematizar los conocimientos anatómicos en tratados que,
por diferentes motivos, marcaron una época en los estudios de medicina
y cirugía: así, se conocen en la comunidad médica como el Bourgery,
el Gray, el Testut, el Spalteholz, el Sobotta... La mayoría de los
mismos se siguen utilizando en las facultades y escuelas de medicina
en ediciones debidamente actualizadas. Dentro de las obras de carácter
clásico, en nuestro país hay que mencionar el atlas con láminas de
Magín Cabanellas y Emilio Sanchis, y texto de Mariano Batllés, que
data de 1892.
La finalidad de esta obra es presentar con fines divulgativos los
aspectos básicos de la anatomía hu-mana, intentando ofrecer un texto
lo más conciso posible que ayude a la comprensión de las láminas,
aportando información adicional a las mismas.

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