El asesinato del perdedor, primera novela que Camilo José Cela publica
después de obtener el Premio Nobel de Literatura, es una obra, a la
vez que plenamente característica del autor, del todo retadora y
singular.
La peripecia central en torno a la que se enhebra el relato aparece
resumida en un documento que cierra el libro, según ocurría ya en La
familia de Pascual Duarte o en Mazurca para dos muertos: una peripecia
sórdida y patética, la historia de un ser inerme empujado al suicidio
por una hipócrita y brutal reacción social represiva ante la efusión
amatoria, de suerte que este suicidio es, propiamente, asesinato de un
individuo al que la vida convierte en perdedor nato de forma
inmisericorde. Sin embargo, tal percance no constituye la materia
única del relato, sino más bien el centro de gravitación de un
fantasmagórico carrusel de personajes de toda laya, libérrimamente
encabalgados por la invención creadora de Cela mediante un sabio
sistema combinatorio de motivos que puntúan sus apariciones y
reapariciones y entrelazan cada una de tales historias, contiguas en
el texto más que en el tiempo o en el espacio, con la historia
central.
La capacidad verbal e imaginativa de Cela se muestra una vez más
virtualmente inagotable en esta obra sorprendente, audaz, brillante y
amenísima, que revalida la prodigiosa maestría del primer narrador y
prosista español de hoy.