Los inolvidables personajes de Joël y Citroën fueron creados por Boris
Vian a la medida del estremecedor delirio al que él cree que suelen
conducir por un lado la dominación materna y, por el otro, el
inevitable conflicto entre la vida autónoma, secreta de la infancia y
la tiranía de la familia y la presión social. También se sirve del
siniestro Jacquemort, un psicoanalista en busca de pacientes, para
satirizar tanto el enloquecido mundo de los llamados cuerdos como el
psicoanálisis y el comportamiento existencialista, tan en boga en
aquellos años. Es precisamente en el ciclo de novelas escritas entre
1947 y 1953, al que pertenece El arrancacorazones, en el que Vian
parece haberse asentado en un universo que le es finalmente propio,
en un mundo de fábula poética cargada de fantasía, pero también de
tensión y violencia, en la que la experiencia de los niños desafía
los valores de los adultos.