Blanca y Helena, dos personajes llenos de sensibilidad y humanidad,
encarnan dos formas diferentes de afrontar la vida y la muerte en los
avatares de la Segunda República, la Guerra Civil y la posguerra.
Blanca ha crecido bajo la doble influencia de las criadas gallegas y
del obispo don Atilano. Helena hereda de su padre, aristócrata
liberal, el agnosticismo y el convencimiento de que las mujeres deben
realizar un importante papel en el mundo. Ambas compartirán el
descubrimineto de la sensualidad, el sexo, la injusticia y el dolor,
al mismo tiempo que conocerán, por encima de las adversidades y el
desorden, que existe una armonía que da sentido a la vida.