Los formidables descubrimientos logrados por las ciencias de la vida
desde hace unos años no deben dejar a nadie indiferente. Estos
asombrosos progresos alteran de tal modo nuestra representación del
mundo que afectan a la mayoría de las cuestiones tradicionales de la
metafísica. Hoy se impone más que nunca esta afirmación: ninguna
filosofía, a poco seria que sea, puede a partir de ahora permanecer
encerrada en una torre de marfil fingiendo ignorar los resultados de
las ciencias positivas; ningún biólogo, consciente de las
implicaciones prácticas de la investigación fundamental, puede a
partir de ahora desentenderse de los retos filosóficos que su trabajo
provoca, casi cotidianamente, en el espacio público. He aquí, pues,
nuestro objetivo, tan limitado como ambicioso: iniciarnos el uno al
otro, y también al lector, en los fundamentos de cada una de nuestras
disciplinas, planteando en especial una de las cuestiones más
cruciales del pensamiento moderno: la del estatus de lo humano en el
reino de la naturaleza.