Los cuentos recogidos en Misa de Gallo confirman una vez más la
esencia narrativa del gran maestro norteamericano. Bowles observa aquí
lo cotidiano con la única pasión de un estilo sin adornos, de dura y
rara belleza.
Aparentemente desprovisto de un punto de referencia moral, nos cuenta
historias de envenenamientos, trapacerías para no perder el empleo,
engaños para apropiarse de lo ajeno, y hasta homicidios inocentes.
El hermetismo de las culturas, y especialmente el de la cultura árabe
para los occidentales, aflora constantemente, dando lugar a peculiares
relaciones de poder -árabes que se saben fascinadores, occidentales
que lavan en una presunta superioridad su mala conciencia colonial-
que acaban por convertirse en cómicos y hasta patéticos malentendidos.