En
la poesía de J. G. Hortelano ( Madrid 1928-1992) se advierte de
inmediato
una gran proclividad a la deformación caricaturesca y
esperpéntica,
ligada con una vena erótica muy potente, revuelta y turbadora,
que,
en ocasiones y sin perder nunca un fondo de ternura, bordea la
crudeza más
extrema. El registro del amor y el desamor coexiste en Hortelano
con otros
arcos de bóveda que definen su lírica, si no su escritura
toda: una siempre presente y lúdica conciencia histórica y,
por tanto, política, que se resuelve sobre todo en cierta
beligerante
eticidad. El aletear de la muerte es elemento que no puede
dejarse fuera
a la hora de abocetar los pilares de la poesía de J. G.
Hortelano
y es aquí donde el autor alcanza alturas poéticas de una
concisión,