Tesis doctoral en la que se sostiene que la sociedad no es una
realidad sui generis producida por los seres humanos al asociarse. Es
también, por decirlo así, la garante de la civilización. Todos esos
hechos sociales de creación colectiva son quienes poseen la llave del
progreso humano. Fuera de la sociedad, sin vida social, aislado de los
demás, el hombre, dice Durkheim, no habría superado el nivel de la
animalidad, apenas se diferenciaría de otros animales. Además, si la
sociedad no se proyecta sobre el individuo a través de esa coacción
que el hecho social ejerce sobre sus formas de actuar y de pensar, el
ser humano carece de otra norma de actuación que no sea el egoísmo,
los impulsos de su particularidad.
Así pues, el ser humano aparece como el resultado de una permanente
tensión entre, de un lado, "lo" social, aquello que recibe de la
sociedad, y de otro, "lo" individual: lo primero tiende a imponer a
cada cual modos de pensar y de actuar que le abran la vía de la
civilización; lo segundo tiende a no conocer otros límites que la
propia particularidad, siendo el resultado la desaparición de vida
social.