Se suele pensar en el porno como el más rudimentario de los géneros de
ficción para el más rudimentario de los consumidores. Y sin embargo
el porno es muy exigente con su usuario. Si ver porno es fácil, verse
viendo porno es mucho más complicado. Es una de las muchas
dificultades del hablar de porno: la de reconocerse sujeto susceptible
a lo porno; más aún, sujeto que busca activamente lo porno; y todavía
más, sujeto que se reconoce a sí mismo mientras ve porno. Sólo si se
es capaz de realizar ese triple esfuerzo puede resultar interesante
tratar el asunto. De Sade a Santa Teresa, de Bataille a Barthes, de
Madonna a Martin Amis, pasan por este ensayo quienes han hablado sobre
el asunto a lo largo de su Historia. Pornófilos y pornófobos se han
enfrentado en guerras sin cuartel que quizá llegan ahora a una tregua
indefinida: del porno en red a la webcam, el antiguo consumidor se
está convirtiendo en productor y en sujeto porno. Y el consumo masivo
de pornografía en países y sociedades oficialmente represores nos dice
que quizá estemos llegando a una nueva fase en las relaciones
privadas y colectivas con lo pornográfico. Ganador XXXV Premio
Anagrama de Ensayo.