Y rizando el rizo, buscar la etimología de la palabra etimología nos
enseña que procede de έτυμος:
«verdadero», «real» y λόγος: «palabra». Así
pues, escudriñar en la etimología de las palabras es un ponernos a la
escucha de la palabra verdadera. Pero, ¿qué verdad dicen las
palabras? Atendamos a la etimología de la palabra Kiliagonía, que da
título a la esta novela de Iris M. Zavala.
En las Meditaciones metafísicas de Descartes aparece el término
Kiliágono, que significa un polígono de mil lados. De ahí surge la
palabra Kiliagonía, que es un neologismo acuñado por la autora. ¿Qué
querrá sugerir con este producto de su invención? En la lectura y
relecturas varias que este texto misterioso y hermético exige, cabe
interpretar lo siguiente: al Kiliágono, que tal como el padre del
racionalismo lo definiera, es un polígono de mil lados añadamos que
cada lado puede ser pensado como un espejo en el que se reflejaran las
protagonistas: sus actos, sus deseos, padecimientos, fantasías o
sueños. Acaso eso sea Kiliagonía