Austera en el vestir, pero amante de la buena mesa; algo distraída y
distante en el trato con los demás, a excepción de los discípulos con
los que solía compartir teorías y conjeturas; ambiciosa en el alcance
de sus proyectos y terca en la defensa de lo suyo, pero ingenua a la
hora de negociar con el poder... Así nos imaginamos a Hypatia, hija
del matemático y astrónomo Teón, el último di-rector del museo de
Alejandría; y decimos imaginar porque son muy pocos los datos que de
ella se conservan, así que solo es posi-ble reconstruir su vida
gracias a sus aportaciones en el campo de las matemáticas.
Nacida a mediados del siglo IV de nuestra era, Hypatia muy pronto
superó en conocimientos a Teón, convirtiéndose en la maestra de un
selecto grupo de estudiosos que hicieron de Alejandría uno de los
centros de investigación más conocidos de la antigüedad. La joven iba
a suceder a su padre en el cargo de di-rectora, pero el fanatismo de
la Iglesia católica provocó la destrucción del museo y de la
biblioteca. En el año 415, la misma Hypatia fue violada, torturada y
despedazada por un grupo de fanáticos cristianos a las órdenes del
patriarca de la ciudad, pero su nombre ha ido recorriendo la Historia
y aún hoy se la recuerda como símbolo de una inteligencia privilegiada
que desafió el oscurantismo de su época.
Pedro Gálvez, que ha heredado de su padre la pasión por la ciencia y
la admiración por Hypatia, nos propone ahora este magnífico retrato de
una mujer excepcional, condenada a vivir en una época que ni los
dioses quieren recordar.