Al margen de toda opinión en conflicto, quizá muchos podamos ponernos
de acuerdo en que la transformación de la sociedad española durante la
Transición se produjo principalmente gracias al ambiente general de
cambio social creado por la voluntad pública, con el respaldo
evidente, expreso o tácito, de la comunidad internacional, con la
coincidencia de unas circunstancias proclives y con la sabia
actuación, motivos y motivaciones aparte, de un puñado de españoles
decididos.
Vista así, la Transición fue, en última instancia, la lógica e
inevitable plasmación de los anhelos de todo un pueblo que, por
primera vez en muchos años, tenía un futuro abierto por delante, un
futuro de progreso y de normalización, que quería que discurriera
plácida pero irreversiblemente