«Yo me llamaba J-54.» En el otoño de 1979, un joven que sueña con ser
escritor se incorpora por leva obligatoria al Ejército español. Su
destino es el País Vasco. Su viaje en un lúgubre tren que atraviesa la
Península de sur a norte es el preludio de una pesadilla.
«Conejo, vas a morir.» Así serán recibidos los nuevos reclutas.
Tendrán que olvidar su identidad y, en gran medida, su condición
humana. En las paredes de los cuarteles colgaban todavía los retratos
de Franco y su mensaje póstumo. Aquel recluta, J-54, se llamaba
Antonio Muñoz Molina.
Memoria valerosa y desnuda, documento implacable, entomología humana,
alegato contra la intolerancia, crónica incisiva de unos años clave en
la historia de España, Ardor guerrero es un libro que quema en las
manos y que el lector, sea cual sea su estación de partida, vivirá
desde el primer fragmento con la intensidad de lo inolvidable.