Instalado de nuevo en sus obsesiones, el autor las somete a nuevos
presupuestos y perspectivas, para entrar en ellas con mayor
profundidad o con mayor eficacia ante la necesidad de exorcizar
nuestros entornos. Todas las armas valen para convertir esta
recopilación en un campo de ironías infinitamente reflejadas entre el
lector y el escritor.