Los capítulos que conforman este libro sugieren incorporar este campo
al debate historiográfico y antropológico, que ya existe en torno a la
relación Canarias-Cuba. De aquí que, se intente analizar cómo el
dominio instrumental y simbólico de la alimentación permitió a las
mujeres canarias desarrollar una estrategia articulacionista desde el
interior del grupo doméstico y étnico para adaptarse al contexto
sociocultural de Cuba en la primera mitad del siglo XX, destacando la
importancia de este dominio en la construcción social del género, las
redes sociales y los procesos de identidad cultural- etnicidad.
El lector no encontrará un recetario o inventario de platos
tradicionales canarios, mas bien se trata de ver la cocina como el
locus corporativo de la vida doméstica porque vinculó el repertorio
cognitivo, la experiencia agraria, las relaciones de parentesco,
compadrazgo y amistad al proceso de inserción social. Y se erigió como
mecanismos que ayudó a construir o reactivar microestructuras de
intercambio de bienes y servicios en Cuba, donde las mujeres
desempeñaron un rol jerárquico. Desde la perspectiva de género se ha
querido superar el reduccionismo biológico presente en una gran parte
de la producción historiográfica y etnográfica que ubica a las mujeres
en la esfera de los no trabajos, mostrando que su presencia oculta es
un producto ideológico, más que una herramienta analítica para
comprender la complejidad de la trama migratoria en una sociedad con
fuerte asimetría social y étnica.