Todo el mundo parece conocer a los AC/DC. Quien más quien menos habrá
visto al menudo Angus Young, embutido en su uniforme de colegial,
contoneándose por el escenario mientras intenta dirigir una
apabullante trituradora sónica, o recordará la gigantesca campana con
la que anuncian su conocido tema «Hell's Bells», compuesto en memoria
de Bon Scott, su primer cantante.
Sin embargo, los AC/DC son algo más: puro electroshock, pasión por la
electricidad. Criticados y admirados a partes iguales, nadie puede
permanecer indiferente ante los riffs de Angus, el bajo obstinado de
Malcolm y la postura chulesca pero cercana de Brian Johnson. Con ellos
de nada valen las florituras y las impostaciones: lo suyo es rock,
pura energía en estado salvaje.